En el misterio escuché un sonido, sin procedencia, sin destino.
No sabÃa si tenÃa un principio, si tenÃa un final.
Su melodÃa era tan bella que armonizaba mis latidos, y me perdà en su estar…
Fue entonces que me di cuenta de que su existencia no se limitaba a una experiencia. Era infinita, y comenzamos a bailar.
Fuimos uno. Mientras él cantaba al sonido de los vientos, y mi corazón se abrÃa el susurro de la eternidad
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