Contigo me siento más cerca a Dios

Contigo me siento más cerca de Dios.
Tu existencia extasía mi vida,
como un ciervo que encuentra un manantial con agua fresca,
o el caminante, un arbusto cargado de moras.
 

Ahí estás tú,
en las gotas que se sienten sobre mi pecho cuando lloro,
como la lluvia que cae en los bosques
y se integra con las raíces que se reflejan en las flores.
 

De mi corazón brotó un jardín con tu llegada.
Se han sembrado semillas y se han marchitado miradas.
Ahora vuelan las mariposas que fueron orugas
y que después también serán…
 

Al ritmo de las estaciones eternas,
del aparecer del alba y de la noche,
ahí estás.
 

Te amo como la luna al mar,
como un polluelo a su pajar,
como la vida al respirar,
como el yin al yang.

Sostenida en la red de lo invisible,
siento tus ojos cerrarse y abrazarme en la distancia.
 

Ahí estoy yo,
cada vez que tus párpados se desvanecen en los recuerdos,
cuando tu corazón se desvive por el arrullo de un amor sincero,
cuando con tus manos acaricias tus pestañas
y las lágrimas añoran un reencuentro con el sentido de la vida.

Ahí estás tú
cuando con tu sonrisa alegras cuartos que son fríos,
cuando con tu voz elevas las vibraciones que estaban ausentes…


¿Qué es el tiempo, si al bajar mi mirada te siento?

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