En el ardor del caos,
quería desvanecerme en el vacío,
pero nunca conté con que,
de la combustión de mis sesos,
quedara escrito parte de lo que,
un día, por mis pulmones, respiró.
A través del viento
fui trazando la melodía que nació de la ligereza,
y mis memorias se desdibujaron
donde ya no existía el sonido del reloj.
En cenizas me perpetué en el suelo,
frente al balcón de tus recuerdos.
Y si mañana vuelve a soplar el viento,
reposaré sobre otros campos,
otro cielo,
otra bella flor.